Vegeta siempre fue el “malo favorito” de Dragon Ball Z, ese rival agrio y poderoso que no necesitaba redención porque era demasiado cool para eso. Sin embargo, incluso el Príncipe de los Saiyajin no pudo evitar el desarrollo emocional.
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Su transformación de villano despiadado a héroe respetado fue una de las más profundas y recordadas del anime, pero pocos recuerdan exactamente cuándo empezó. Y no, no fue cuando se casó con Bulma.
Vegeta era un villano, pero no para siempre
Al inicio de Dragon Ball Z, Vegeta llega a la Tierra con una misión bastante simple: conquistarla o destruirla. Era un antagonista sin matices, movido por la ambición y el deseo de poder.
Incluso cuando viaja a Namek, no lo hace para ayudar a nadie, sino para obtener las Esferas del Dragón y alcanzar la inmortalidad. Si se unía temporalmente a Gohan, Krilin o Goku, era solo porque lo necesitaba para sobrevivir. Punto.
Pero todo cambia en el episodio 86, titulado “El fin de Vegeta”. Herido de muerte por Freezer y sin posibilidades de victoria, Vegeta rompe completamente su máscara de frialdad y se lanza a un discurso desgarrador.
El verdadero punto de inflexión fue un llanto
Con Goku frente a él, Vegeta llora. Sí, llora. Y no porque esté a punto de morir, sino por todo lo que su raza perdió a manos de Freezer. Sin fuerzas, sin orgullo y sin objetivo, le suplica a Kakarotto que vengue a los Saiyajin.
Es la primera vez que el Príncipe se muestra tan vulnerable, desnudo emocionalmente y sin rastro de arrogancia.
Este momento no convierte a Vegeta automáticamente en héroe, pero sí marca el principio del fin de su etapa como villano. A partir de ahí, su comportamiento comienza a cambiar poco a poco, hasta convertirse en un aliado confiable, aunque siempre con su actitud de tipo duro intacta.
Las versiones del discurso cambiaron con cada doblaje
Como muchos momentos importantes del anime, el famoso discurso de Vegeta fue distinto según el doblaje. La versión en inglés, por ejemplo, le da un tono aún más trágico, afirmando que Freezer lo convirtió en lo que es.
Aunque no está en el original japonés, esa interpretación ayudó a reforzar la idea de que Vegeta no era simplemente malvado, sino un producto de su entorno.
Lo que no cambia en ninguna versión es la carga emocional del momento: Vegeta se despide, no con rabia, sino con dolor. Y eso cambia todo.
¿Y qué pasa con Majin Vegeta?
Muchos fans apuntan al momento en que Vegeta se sacrifica frente a Majin Buu como su “verdadera redención”. Y sí, su despedida de Trunks antes de explotar es conmovedora, pero para entonces Vegeta ya había cambiado mucho.
Su pacto con Babidi fue un retroceso temporal, casi como una negación de su evolución. Aun así, su sacrificio confirma que ya no lucha solo por él, sino por los que ama.
Lo mismo ocurre en Dragon Ball Super con sus múltiples momentos heroicos: cuando entrena con Whis, cuando pelea junto a Goku, cuando protege a su familia. Pero todos esos gestos tienen un origen claro: el día que cayó derrotado en Namek y se permitió llorar.
Vegeta dejó de ser un villano… cuando se permitió sentir
La evolución de Vegeta no fue rápida ni limpia. Fue una de las más humanas en toda la serie, llena de contradicciones, retrocesos y momentos oscuros.
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Pero el punto de no retorno, ese momento en el que ya no era solo el tipo malo con ataques geniales, ocurrió en Namek, en medio de una derrota absoluta, cuando su máscara se rompió por completo.
Desde ese instante, Vegeta nunca volvió a ser el mismo. Ni tampoco Dragon Ball Z.
