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Crítica de 12 Strong: Propaganda sin sustancia ni consecuencia

Se me hace difícil encontrar la manera de tratar con 12 Strong. Desde que lees o escuchas su títulos, es fácil comprender lo que es. Pura propaganda bélica. Luego al verla, esto se te es confirmado. Doce valientes soldados estadounidenses responden a la tragedia de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 voluntariado para una peligrosa misión de vida o muerte en Afganistán. Son héroes de guerra que arriesgan su vida para defender su patria, hecho que se nos recuerda constantemente a través del diálogo. Dejan su familia atrás para servir la nación, no porque quieren, pero porque deben. Y una vez en territorio enemigo, hacen todo lo posible por completar su objetivo, con la determinación y exactitud de guerreros míticos.

 

12 Strong tiene todos los elementos necesarios como propaganda pro-guerra, pero el hecho de que es preciso lo que es no significa que está bien ejecutado. Al contrario, la película termina siendo un malgasto de todos los envuelto en su realización.

Ninguno de los doce personajes titulares consigue ser nada más que la idea vaga de lo que de un soldado ideal. Los únicos que tienen algún tipo de desarrollo son aquellos interpretados por Chris Hemsworth, Michael Shannon, Michael Peña, Trevante Rhodes y Jamie Dorman; en ese orden. Los otros siete son caracterizados por que llevan espejuelos, o lucen una cabellera un poco más frondosa que el resto del pelotón,  o cualquier otro tipo de superficialidad. Y los que sí tienen algún tipo de desarrollo, lo tienen en una forma casi inexistente. Hemsworth es el líder sin experiencia que resulta ser un genio estratega y nunca toma una mala decisión (y a veces tiene un leve acento australiano, pero siento que eso no es parte del personaje).

Shannon es lo que el guionista pensó que cada escena necesitaba, va de figura de autoridad, a comic relief, a simplemente un tipo con mirada intensa. Peña consigue darle vida a un personaje igual de ligeramente escrito. Estos tres son los únicos de los que tenemos algún vistazo de su vida fuera del entorno militar, y ninguna de estas escenas está satisfactoriamente ejecutada. Rhodes tiene su propio sub-trama donde crea una amistad con un niño soldado afgano. Dorman tiene un vis-à-vis con Hemsworth donde habla sobre como tomar una vida nunca se vuelve más fácil. Acto continuo, múltiples escenas de batallas donde cientos de enemigos y aliados mueren inconsecuentemente.

Igual de inconsecuente son los conflictos entre los personajes. Todos siguen sin dudar a Hemsworth. Inicialmente sus superiores cuestionan que sea el hombre correcto para liderar la misión, pero con solo un vistazo a sus ojos verdosos olvidan esto. Inicialmente, Peña repudia que Hemsworth tuviese un trabajo de escritorio, pero el conflicto dura solo los quince segundos desde que esto es mencionado hasta que se acaba la escena. Después de eso, ninguno de los soldados vuelve a confrontarlo, y Peña le da su apoyo incondicional. Justo cuando crees que va a haber algún tipo de consecuencia a la violencia indiscriminada de la guerra, los cineastas hacen un bait-and-switch y todo sale bien.

La cinematografía de la película es completamente servicial y práctica, en momentos siendo lo que he decidido llamar Michael Bay-lite. Ángulos contra-picados admirando los grandes héroes y tomas amplias fáciles de leer. El problema surge en las escenas de acción, donde se hace pésimo uso de la geografía y la relación espacial personajes. Sabemos que uno de los doce soldados dispara y sabemos que uno de los talibanes anónimos cayó. Si ambas acciones están conectadas, si son causa y efecto, no tenemos ni idea; igualmente hay otros cientos personajes disparando y otros cientos cayendo, y no hay forma de entender la continuidad espacial entre una toma y la próxima. Pero, hey, por lo menos hay explosiones.

En el tercer acto, el general afgano que coopera con los soldados estadounidenses (interpretado por Navid Negahban) tiene lo más cercano en el filme a un momento cinemático y un poco después ofrece a través de su dialogo la única ocasión en la que la película cuestiona la naturaleza de la guerra que presenta, pero es muy poco, muy tarde. No es culpa de Negahban, quien junto a Peña ejerce la mejor actuación de la película (aunque de formas diferentes, Peña depende completamente de su carisma nato, Negahban te hace querer buscar más de su trabajo y ver películas dignas de sus habilidades).

12 Strong es, sencillamente, una versión de dos horas y diez minutos de un anuncio de reclutamiento. No es particularmente efectiva como entretenimiento, pero también es lo suficientemente incompetente como propaganda como para ser inofensiva. Nadie la va a recordar dentro de un  par de años y nadie va a lamentar su olvido. Si lo que buscas es matar un par de horas sin tener que pensar, supongo que hay cosas peores en las que podrías gastar tu tiempo. Pero también hay cosas mejores. Muchas.

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