Contexto

Padre e hijo con el rap y la poesía como armas contra el racismo

Siloé Andino y Sharif Rafael usan el bolígrafo, el micrófono y el estudio para plasmar lo que han vivido. "Vamos a

SHARIF Y SILOE SHARIF Y SILOE (DENNIS A. JONES)

Esto, no es changueria mucho menos es complejo
Te molesta que señale, te encojona si me quejo
Aceptarías facilmente que me calle
Que me envuelva en otros temas
Te funciona si me dejo, pero
En el espejo que sostienes no me veo
Como soy en realidad pues tu maldad NO es mi reflejo, y aunque
Durante siglos tu mentira se ha aferrado
Y se acomoda cual parásito en cuerpos colonizados de muchas de mis hermanas y también de mis hermanos
Hay a quienes nos importa como nos trata el tirano
No es una opción quedarnos de brazos cruzados, aquí sigo combativo aunque te joda y continuamos
Al que tanto le incomoda si gritamos y quemamos
Pero calla complaciente cuando ya no respiramos
Tu hipocresía moralista no la trago
Con poesía afroversiva, tu racismo denunciamos- Siloé Andino

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Tras ese cántico de rap en donde ubica el antiguo ancón, en plena costa del Río Grande al que le escribió Julia de Burgos, un contador de profesión y  maestro de ceremonias de vocación –  recuerda las complicaciones cotidianas y las satisfacciones propias de crecer y criar en Loíza.

“Una vez me llaman por algo correspondiente a mi hijo menor. Ellos tenían un problema con la manera natural del pelo de mi hijo. Hasta allá he tenido que ir a defender su afro descendencia”, explica Siloé Andino, el papá de Sharif Rafael Alejandro Ramos, también ’MC’ de 20 años de edad, y de Jamal Alfonso Alejandro Ramos, de 17, baloncelista.

“Jamal decidió dejarse el cabello crecer y desde la oficina de su colegio nos enviaron una carta, de que si no se recortaba iba a haber consecuencias. Nos dicen que en el reglamento se establecía que los estudiantes deben tener recortes ’tradicionales’. Bueno, pero ¿qué entonces es tradicional? Mi planteamiento es que, en el caso de Jamar en aquel entonces, que él tenía un afro y que ese es el recorte tradicional de un joven afro descendiente, de un joven negro. A un joven negro el cabello le crece así, hacia arriba, hacia los lados, no se le cae al lado y, por ende, no puede tener un corte de pelo caucásico. ¿De qué estamos hablando entonces? ¿De qué tradición hablan?”, narró cándidamente.

 

“No, y hubo otro reglamento que enmendaron, que decía que no aceptaban trenzas ’africanas’. Ahí tuvieron que cambiar el lenguaje para decir que no querían trenzas pegadas. Válgame”, agregó, dejando escapar una sonrisa que es producto de años de lidiar con este tipo de discriminación en momentos en que de hacerle frente a estas conductas.

Los jóvenes viven con su madre, Aleida Ramos Manso, a minutos de donde vive Siloé, por lo que se les hace fácil mantenerse comunicados. Papá, mamá y sus retoños andan en contacto siempre y el núcleo familiar ha sobrevivido. Y lograr eso en el Puerto Rico de hoy, sea en Loíza o en cualquier otro pueblo, es algo grande.

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Claro, el racismo es sistemático en la sociedad puertorriqueña, eso ya quizá usted lo ha visto explicado durante estos días por estudiosos y académicos. Para un loiceño, no obstante, la afrenta carga más complicaciones. Es algo que siempre ha estado en su cotidianidad, con ejemplos como lo que le pasó a Adolfina Villanueva en Medianía Alta hace cuatro década atrás, cuando una tropa de policías, alguaciles y máquinas se presentó a su casita de madera y zinc, en Tocones, para ejecutar una orden de desahucio. Un policía sin escrúpulos la mató a tiros frente a su esposo y sus pequeños hijos.

“Tú sabes, la conducta que se perpetúa con los chistes, con comentarios o situaciones que normalizan el odio a la pobreza y la carencia de respeto también”, subrayó Siloé, abonan a un ambiente de falta de respeto que va desde el mismo estado y su vileza de matar a una ciudadana hasta cualquier noche por ahí buscando diversión. “A mí me han dicho que si el pelo rizo no es profesional. Y yo llevo años con mi pelo así, rizo, y viviendo y dándole de comer a mi familia de mi profesión”, acotó Siloé, quien trabaja además el género de lírica dentro de lo que se conoce como la expresión de poesía spoken word.

 

 

“Yo aquí veo políticos y gente del gobierno solamente cuando es época eleccionaria”, resume Siloé, resaltando, sin embargo, el trabajo que realizan en el pueblo los líderes comunitarios ante lo que entiende es el desamparo institucional por parte de las autoridades estatales.

“Y pues también está la policía. A mí me han intervenido en la calle, han tratado de intimidarme. Llega al punto que mucha gente que lo sufre lo ve como algo normal, que vas caminando a la cancha y te paran, sin estar haciendo nada. O que te paren solo para insistir en saber a dónde vas, qué haces. Como si por el hecho de ser negro y salir de Loíza tengo que tener drogas o arma. No les pasa por la gente que uno pueda ser un ciudadano decente que sale de trabajar”, señaló.

Su hijo Sharif Rafael, quien también canta rap, mira a Siloé hablar y asiente, pues son cosas que ha vivido. Tiene todo bajo lupa desde que empezó a janguiar como joven adulto fuera de Loíza y desde que estudia en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Ha escuchado anécdotas como la que relata ahora su padre, de las veces que los viraban para entrar a las discotecas o de cuándo algún policía lo para tan pronto sale de Piñones. Mira, asiente y se identifica cuando ve a su papá explicar que los intermitentes choques entre sectores de Loíza y el marullo criminal que va y viene en el pueblo es producto de cuan aislada la población de este pueblo siempre ha estado del gobierno estatal.

 

 

Según los datos publicados por el Negociado del Censo de los Estados Unidos, Loíza figura entre 36 municipios de los 78 de Puerto Rico con 50 por ciento o más de su población en situación de pobreza. El crimen y la violencia, mientras tanto, ha descendido considerablemente gracias a esfuerzos comunitarios, como la iniciativa de conciencia conocida como la Marcha por La Paz, o el proyecto Alianza por La Paz: Por un nuevo Loíza, entre otros. Según cifras oficiales de la Policía, en siete años, de 2011 a 2018, la cifra de homicidios registrados en Loíza bajó de 40 a nueve.

Se le pide también a Sharif que tire un par de versos, pues el Río Grande está ahí al lao y el domingo que viene, dice el mercado occidental y anglosajón, que se celebra el Día de los Padres.

Padre Nuestro que en el cielo estás
no tengo que mentirte si tú sabes bien cómo me va 
parece embuste to’ lo que vivimos en esta realidad
ganas más en tu casa que tirándote a trabajar. 
Si te para un policía cuida como reaccionar
no piensa y tal vez a ti te toque uno irracional 
ruega que si te toca haya quién grabe en su celular
porque puede matarte sin tan siquiera disparar
Que pase to’ los días no significa que sea normal
que tú no lo veas no significa que no esté mal
que tú no lo sufras no significa qué hay que callar
o vas a esperar que a un familiar te vayan a matar?
Parecería como si esto se acabara, estuvieron hasta que floyd se asfixiara
Después no se atreven a darte la cara
Tiempos que vivimos que no se comparan
Y lo veo a diario leo los comentarios de gente innecesaria hablando de lo innecesario 
preocupau’ por las tienda esa gente son millonarios
son sicarios legales matan y tienen salario 
Y yo no me wa’ dejar sal conmigo a protestar
por las pruebas los vagones y to los millones que quieren robar, por como se ríen cada vez que algo van a aprobar 
con rodilla al cuello al mundo entero quieren asfixiar 
Cansado de aguantar no puedo respirar
Y eso que solo vemos los que son viral
ojalá esto fuera un sueño ya pudiera despertar
Si te callas eres cómplice 
por eso tienes que hablar – Sharif Rafael

La conversación ahora toca el tema de la música. Sharif recién lanza un nuevo video, titulado Juguito de Parcha, con un flow para todo el mundo o “comercial”, como se le apoda.

“Las oportunidades que uno ha tenido en la música… Mano, honestamente, yo me di cuenta de cómo es que va el negocio de la música cuando se empezó recientemente a analizar la palabra urbano. Creo que hay que dejarla de usar. Creo que también hay que visibilizar los problemas de los raperos que llaman “urbanos” por clase o por raza”, expresó Sharif.

 

 

“Sí, es que de eso es que se trata o se trataba el rap”, destacó Sharif, mientras Siloé, quien a finales de los ’80 ya movía la cabeza al son de iconos del hip hop, como Public Enemy y KRS One.

“Ahora”, interpone Sharif, “uno se da cuenta cuando miras arriba, los que están pegao’s, en el tope, y ves que allá arriba una persona  negra no se ve mucho. Y no es por falta de talento, porque eso sobra”, acotó.

Es la misma lucha por exposición y visibilidad que vivió su padre, “solo que ahora tenemos el internet. Y pienso que las mismas disqueras se están dando cuenta, en especial con lo que está pasando con respecto a la imagen de los artistas, a su negritud”.

“Yo creo que el que quiera hacerlo lo puede hacer, pero hay muchas cosas que tenemos que cambiar de la misma industria musical”, acertó Sharif.

La entrevista ya finaliza, como el atardecer cae y se ve anaranjado desde el ancón mientras se zambulle el sol. ¿Qué tú le dirías a tu papá, Sharif?

“Yo le quiero dar las gracias por mantenerme con los ojos abiertos. Tantas amistades que se mantienen ignorantes, sea por la razón que sea, no se informan tanto. Por mi papá y mi mamá es que me doy cuenta y sé distinguir cuando una persona me trata con discrimen o si me trata bien. Es por ellos, por el ejemplo que me han dado”, apostilló Sharif.

“Y para mí es una bendición y un privilegio haber sido escogido para ser padre de dos hijos tan maravillosos como ellos. A los padres como yo solo les digo que en la educación de la casa es que está la clave. No descarten el tema del racismo o de la discriminación por más incómodo que sea. Tenemos que desarrollar empatía, si le pasa a otro que lo sintamos como si fuese a familiares nuestros. Yo mismo necesito aprender un montón. Hay que tener la humildad para decir yo no conozco, tengo que aprender del tema y hacerlo. Se nos va la vida, literalmente en esto”, finalizó Siloé.

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