Contexto

Le tengo envidia a Anuel, ¿y qué? Me jod* trabajando y pago deudas

Esto es una columna para ponerte a pensar

“You must never be satisfied with losing.

PUBLICIDAD

You must get angry, terribly angry, about losing.

But the mark of the good loser is that he takes his anger out on himself

and not his victorious opponents or on his teammates”

Richard Nixon

La vida es un misterio… Hay quienes pueden trabajar hasta la muerte y despedirse del mundo buscando completar su proyecto de vida, pero se nos van pela’os, pagando deudas y sobreviviendo al sistema. También están los que trabajan con cojines, se rompen el lomo y tienen la dicha de disfrutar lo suyo en buena lid. Pero bueno, están los que, sencillamente, gozan de buena suerte. Esos son los que me motivan a ser un envidioso radical, porque yo me jod* trabajando de lunes a sábado, pero vivo sobreviviendo a las deudas.

Anoche, me dio con ver los Latin Billboards, ese festín de talento latinoamericano que nos estremece todos los años —como los Grammy, los Premios Juventud y otros. Confieso que disfruté bastante, pero tengo que decir que cuando premiaron a Anuel me dio diarrea. Se me encendió el espíritu rapidito y comencé a cuestionarme hasta qué punto un tipo como Anuel merece gozar de tanta fama y éxito, cuando habemos millones que nos levantamos todos los días a tratar de aportar un granito de arena, pero no vemos luz al final del túnel.

PUBLICIDAD

Tengo dos hipotecas, un nene que empezó en Antilles y ahora maneja un car wash. También tengo dos pensiones. No cojo un reintegro en las planillas desde Sila —quizás porque voté por Pesquera— y, a mis 53 años, lo poco que me sobra del cheque lo uso pa’ pagar inscripciones en los 10k y pa’ jugar Powerball. Y sí, sé que tengo que hacer ajustes, como toda persona. Las prioridades económicas hay que repensarlas continuamente. Pero coño, Anuel… Anuel salió de la cárcel federal los otros días, a pesar de que en el 2017 lo sentenciaron a 30 años por posesión de armas, y el tipo está millonario. Y no vengan con que canta, porque voz no tiene y sus letras son más malas que una patá en los genitales. Pa’ colmo no es humilde y se la pasa restregándole a sus seguidores su supuesto éxito. Vamos, Anuel es una falta de respeto para los que trabajamos con el único fin de echar a la familia pa’ lante.

Y no sé ustedes, pero yo me canso de estos tipos. Entiendo que son personas que vienen de un ambiente retante y esas cosas. Pero no me justifiquen la barbarie. En el mundo hay seres que merecemos más, porque hacemos más. El trabajo debe traducirse en éxito y los anueles de la vida no deben recibir las ayudas que reciben para multiplicar el billete cantando porquerías.

Yo soy boricua, pero no me siento representado por un tipo como Anuel. No soporto que el sistema lo premie sin justificación y, como fiel creyente que soy, espero que Dios haga justicia.

Debe quedar claro que yo apoyo el género. Me gusta lo que Ozuna está haciendo ahora y lo que ha hecho Daddy Yankee a través de sus plataformas. Pero Anuel… Anuel, coño. Es momento de llamar las cosas por su nombre: ¡Ese es un mozalbete con suerte!


Mauricio Johnson es estadista, fiel a las enseñanzas de Nixon, pero no es PNP. Hijo de una jíbara recién mudada a Río Piedras en los sesenta. Su padre es de Chicago y fue refuerzo de los Cangrejeros de Santurce, aunque todos rumoran que Terín Pizarro es su verdadero padre. Es republicano a muerte y da la vida por el dinero. No es religioso, pero se considera cristiano. Intenta vivir sin beber refresco, gusta comer con cuchara y es fanático del Cano Estremera. Vive en Santurce y sabe que Ignacio Rivera es más Yanqui que Dávila Colón.  

PUBLICIDAD

Tags

Lo Último