Contexto

Crisis del agua golpea a negocios y el jangueo en San Juan

La crisis de agua potable ha afectado a locales, tiendas y hasta el jangueo en la capital

Ciudadanos se abastecen de agua, Oasis en Guaynabo.
Ciudadanos se abastecen de agua, Oasis en Guaynabo. Ciudadanos se abastecen de agua, Oasis en Guaynabo. Escuela Juanillo Fuentes, Guaynabo. Metro PR 10 de junio de 2026 (Dennis A. Jones)

El calor en la isla está insoportable y para poder aguantarlo hay que bañarse como cuatro veces al día… En pleno verano, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) decidió subirle dos rayitas a la crisis.

Por meses, la zona metropolitana ya sabe lo que se pasa en el resto de la isla y ha enfrentando problemas con el servicio de agua, pero ahora se agravó con las recientes roturas que sufrió el Superacueducto. Si te acabas de despertar de un coma o llevas una semana bañándote con toallitas húmedas de bebé, aquí va el resumen: El área metropolitana está seca. Y no, no es que Dios no mandó lluvia para Carraízo. Los embalses están bien; lo que está hecho cantos es la tubería.

Desde la segunda semana de junio del 2026, una tubería de 72 pulgadas del Superacueducto en Bayamón decidió rendirse ante la vida, revelando tres roturas masivas en una pendiente de 30 grados bajo el río. Lo increíble es que esta avería no fue por obra y gracia del Espíritu Santo, es por la falta de mantenimiento en un sistema construido hace 30 años (1996) e inaugurado el 6 de septiembre de 2000, hace 26 años, al cual se le ha dado poco o nulo mantenimiento. El resultado de esta avería dejó a más de 112,000 abonados oliendo a cobre. Y vamos a estar claros, esto no fue de la noche a la mañana. Ya en mayo Santurce estaba cogiendo pon con roturas en la avenida R.H. Todd y en la Kennedy. Esto es un colapso en slow motion. Y si crees que esto es solo un problema de la doñita que no puede lavar ropa, te equivocas. Este papelón nos acaba de secar la economía y, peor aún, el jangueo.

Pero según el director de la AAA, el ingeniero Luis R. González Delgado, llamarle a esto una “crisis” es “una palabra muy fuerte”. Claro, Luis, porque tú seguro tienes agua en tu casa.


La tormenta en el bolsillo y el mercado negro del agua

La presidenta de la Asociación de Restaurantes (ASORE), Sonia Navarro, usó las mejores palabras para describir esta situación: esto es “una tormenta en el bolsillo”. Esto no se dice en el vacío, la industria de restaurantes en la isla mueve $4,000 millones, donde el 46% de los locales ya estaban reportando ventas por debajo del año pasado antes de que se rompería el primer tubo. Tratar de correr una cocina sin agua en este clima económico es misión imposible.

Si has tenido break de dar una vuelta por el Viejo San Juan, Santurce o Condado, habrás visto que el letrero de moda no es el de “Happy Hour”, sino el de “Cerrado por falta de agua. Disculpen los inconvenientes”.

Locales sin agua en Plaza Las Américas
Locales sin agua en Plaza Las Américas Foto: Telemundo

(Foto: Captura de pantalla/Telemundo)

Hablando con la gente en la calle, te das cuenta del desespero, pero también de los matices de la crisis. Freddy Andrades, del 352 Guest House en el Viejo San Juan, nos tiró la real: ni siquiera su cisterna aguantó el empuje de tantos días secos. Freddy nos confirmó lo que todos pensamos: esto “daña el mood del viaje”. Tienes turistas cancelando reservas o comiendo en platos de cartón. En el sector de lujo, el desespero es tan real que el Caribe Hilton tuvo que apostar camiones de agua potable en sus inmediaciones para suplir la demanda de los huéspedes.

Y aquí es donde entra el oportunismo descarado. DACO dice que congeló los precios con multas de $10,000, pero la realidad en la calle es un mercado negro. Llenar un camión cisterna de 10,000 galones que antes costaba $300, en plena emergencia se disparó a más de $1,500, esto es 5 veces su costo original. El galón al por mayor brincó de 10 a 30 centavos. En la calle se escuchan los gritos de supervivencia; en un reportaje televisivo reciente, un comerciante frustrado le rogaba a un transportista privado: “Monstruo, yo te lo voy a pagar a 25 centavos el galón porque lo necesito ya”.

Sin embargo, hay que ser justos, y Freddy Andrades fue súper claro en que no todo fue un desastre gubernamental. A diferencia de otros sectores que pasaron las de Caín, él destacó que el Municipio de San Juan sí hizo un buen trabajo en su área. A su cuadra en la calle San Francisco les llevaron 1,000 galones de agua para darle un respiro a los negocios, todo súper organizado y escoltado por la policía y agentes municipales. “No podemos decir que no lo hicieron bien”, admitió Freddy.

Pero su crítica y su visión van mucho más allá del parche de la regalía. Para evitar que los negocios sean víctimas del mercado negro o dependan exclusivamente de ayudas gratuitas que no dan abasto, Freddy propuso algo tan lógico que asusta que al gobierno no se le haya ocurrido: crear un “hub” regulado (por ejemplo, en la Plaza Colón). La idea es simple: que el comerciante o el residente que tenga el dinero vaya, pase su tarjeta de crédito, compre su camión de agua a un precio legal y real, y se lo despachen de manera organizada hasta su edificio con factura en mano. Que el agua gratis se quede para el residente vulnerable que de verdad no puede pagarla. “Lo regalado a nadie le importa”, sentenció, dejando claro que el que puede costear su agua, debería tener una vía institucional y legal para hacerlo sin que le arranquen la cabeza.

El arte a secas y la asquerosidad de los baños

Quizás una de las áreas que más duro recibe el cantazo en este desastre no son las barras, sino nuestros centros culturales, esos espacios que son el pulmón social de la comunidad. Hablamos con Briana Liz Agüero, de la Liga de Arte de San Juan, y la historia es una que debería dar pena y coraje a cualquier funcionario en el Capitolio.

En pleno verano, la Liga tiene sus salones a capacidad: alrededor de 200 estudiantes, la inmensa mayoría niños y jóvenes que llegaron buscando un espacio de creación, no un calvario logístico. Tienen un campamento de verano vibrante con clases de pintura y cerámica, disciplinas que, por definición, requieren agua constante para limpiar pinceles, preparar barro y mantener la higiene mínima. Pero la realidad de la Liga hoy es una caricatura cruel: solo tienen cuatro baños disponibles, dos para niñas y dos para niños, para una población que supera por mucho lo que una cisterna vacía puede aguantar.

“Ha sido una lucha cuesta arriba”, nos confiesa Briana. “Es una escuela de arte; si no tienes agua para limpiar el material, la operación se tranca”. Lo más triste de todo no es la falta de planificación de la AAA, sino ver cómo la responsabilidad recae, una vez más, sobre los hombros de los ciudadanos. Los maestros, en un acto de heroísmo que no les corresponde, se han organizado para buscar agua en otros lugares y rellenar las cisternas por su cuenta. Los padres, en lugar de estar tranquilos sabiendo que sus hijos están en un ambiente seguro y digno, tienen que enviar a sus nenes al campamento con galones de agua de sus casas, como si estuvieran en medio de una zona de guerra. Es la estampa perfecta de nuestro Puerto Rico actual: el gobierno falla, y el pueblo tiene que cargar con el cubo.

En el MADMi (Museo de Arte y Diseño de Miramar) la historia no es muy distinta. Se han visto súper afectados para llenar su cisterna. Gracias a eso no han tenido que cerrar sus puertas, pero el papelón no faltó: tuvieron que clausurar los baños al público y dejarlos exclusivos para los empleados por una estupidez técnica de diseño. La cisterna tenía agua para bajar el inodoro, pero no para que la gente se lavara las manos. Imagínate la asquerosidad y las quejas de los turistas, que no podían creer que un museo abierto no tuviera dónde dejarlos hacer sus necesidades.

Ni los abuelos se salvan: El desespero en las égidas

Pero si pensabas que el papelón solo lo pasaban los nenes en los campamentos y los turistas en sus hoteles y en los restaurantes, estás equivocado, en este país ni los abuelos se salvan. Hablamos con Jonathan León, enfermero en Miramar Living - Senior Living and Memory Care, y la cosa está a nivel de película de terror. Llevan una semana y media sobreviviendo a puro milagro con una cisterna. El feedback y el ambiente adentro, lógicamente, están por el piso; cuidar a personas de edad avanzada y pacientes de memoria requiere higiene constante, no un chorrito de agua con cuentagotas.

¿Y el Municipio que escoltó camiones en el Viejo San Juan? Bien, gracias. Jonathan nos cuenta que se han comunicado repetidamente para pedir ayuda al gobierno, pero los tienen en una lista, diciendo que el agua va pero no ha llegado. Si a las barras y a los museos los tienen sufriendo, ponte a pensar en todas las égidas y hogares de ancianos de la zona metro que están pasando las de Caín en silencio, aguantando calores y sin poder bañar bien a los viejitos por culpa del racionamiento. Eso ya no es un problema de jangueo, eso es un verdadero crimen.

El jangueo, TikTok y los universos paralelos

Y claro, el jangueo fue la otra víctima de este papelón. Imagínate la película: es viernes, botaste la funda en tu mejor outfit para frontear, llegas a la Calle Loíza, a La Placita o a la Cerra, te das unos palos con tus panas y el baño de la barra está cerrado. Ante esta obra de arte del tercer mundo, el Municipio de San Juan tuvo la brillante idea de decorar el casco histórico instalando filas de baños portátiles permanentes en la Plaza Salvador Brau y la Plaza de Armas. Nada grita “capital turística de cinco estrellas” como pagar $15 por un cóctel craft con sombrillita para terminar sudando la gota gorda en una fila hacia un inodoro de plástico hirviendo, justo al lado de la estatua de Colón. Toda una experiencia inmersiva.

Pero la peor parte se la llevan los que viven y trabajan ahí. Alexis Durán, un joven residente y empleado del Viejo San Juan, nos dio la imagen más deprimente de la semana: su noche de jangueo consistió en hacer fila en el oasis de la Plaza Colón para llenar cubos pesados de agua no potable y caminar cuesta arriba hacia su apartamento en la calle San Francisco, en un esfuerzo titánico cuyo único propósito era “poder bañarse y bajar el inodoro”. Y mientras Alexis subía la cuesta con un cubo, los supermercados tenían que importar botellas de agua desde otros pueblos de la isla porque la gente vació las góndolas para no cerrar los hoteles.

Pero ojo, en Puerto Rico siempre hay universos paralelos. Mientras el Viejo San Juan y las calles de Santurce son un desierto, llamas a las universidades privadas y parece que viven en Narnia. Nos comunicamos con la Universidad Ana G. Méndez en Cupey y la operadora nos confirmó que allí no ha pasado absolutamente nada.

Oasis de agua en el residencial público, Luis LLorens Torres.
Oasis de agua en el residencial público, Luis LLorens Torres. Oasis de agua en el residencial público, Luis LLorens Torres. San Juan Metro PR 10 de junio de 2026

Esta película de terror viene en combo agrandado ya que se le suma la otra crisis... la falta de servicio de energía eléctrica. Nos comunicamos con el administrador de la página de Instagram “Local Ghost”, quien se dedica a promover la cultura y los jangueos en el Viejo San Juan, y relató cómo tuvo que cancelar por completo su agenda de eventos de la semana porque la gran mayoría de los negocios estaban cerrados o con horarios limitados. Como residente, confesó que las cisternas se vaciaron y tuvo que irse a refugiar a casa de su mamá. Mencionó lo triste que es ver a los turistas de crucero caminando a oscuras por la isleta por culpa de los apagones, llevándose una imagen pésima de Puerto Rico. Y la luz no perdona; entre los bajones eléctricos, se le han dañado equipos como aires acondicionados y microondas, mientras que negocios locales de mantecado han tenido que cerrar porque el producto se les daña. El impacto es tan masivo que hasta en Plaza Las Américas, negocios gigantes como Olive Garden y Ponderosa tuvieron que bajar portones por la falta de agua.

Hicimos el mismo experimento llamando a la Universidad del Sagrado Corazón, ubicada en pleno Santurce. ¿La respuesta oficial de saque? “Esto sigue funcionando igual”. Acto seguido, nos tomaron los datos y prometieron que nos contestarían “hoy o mañana”. Pero el “mañana” nos llegó con una dosis de realidad. Mónica Fernández, de la División de Comunicación Institucional, nos confirmó por escrito que el servicio de agua potable sí se interrumpió desde el 7 de junio. Para poder mantener la ilusión de que allí se opera “con normalidad” y no cancelar los cursos de verano ni los campamentos, la universidad ha tenido que depender del suministro de tres a cuatro camiones cisterna diarios. Al final, la crisis no perdona ni a la academia. Y ni hablar de intentar buscar respuestas en otros recintos; llamamos a la Universidad Albizu en el Viejo San Juan y no conseguimos respuesta. Te pichean como si la falta de agua fuera un chisme de pasillo y no una crisis de país. ¿Crisis, cuál crisis?

El aguaje gubernamental, la Válvula 4 y el “Civic Tech”

Mientras el pueblo pasa las de Caín por una situación que se pudo haber prevenido con un mantenimiento adecuado, en el circo político, la gobernadora Jenniffer González promete una “evaluación integral que tomará de seis a nueve meses”. Pero el premio mayor se lo lleva la pelea de nenes chiquitos entre el Municipio y la AAA. El alcalde de San Juan, Miguel Romero, acusó a la agencia de “indiferencia deliberada” y “mediocridad”, cosa que depende del contexto con el que se pelea o para qué se pelea. Sí podemos decir que la AAA es mediocre, pero una indiferencia deliberada, no sé, quizás una indiferencia deliberada con la mayoría de los puertorriqueños, los de a pie. También sabemos que él está peleando con Jenniffer y con el “King of the North”, el alcalde de Bayamón, Ramón Luis Rivera; su pelea es para verse bonito y quizás separarse de los peos de esta administración actual. Según él, el problema del turismo no es solo el tubo roto, sino que la AAA está jugando a las sillitas musicales con el “tanque de la Pepsi” y cerrando la infame “Válvula Número Cuatro” sin avisarle a nadie.

Para colmo, San Juan ya gastó sobre $621,000 en 55 camiones cisterna y oasis, y ya entabló una demanda legal contra la AAA para que le devuelvan al menos $468,000. Guaynabo por su lado ya quemó $700,000 mitigando el desastre. Millones de dólares tirados a la basura por falta de mantenimiento preventivo.

Pero los jóvenes ya no se comen el cuento. Ante el tirijala político, en la Calle Loíza, la ingeniera Anna Andresian desarrolló una plataforma de “Civic Tech” comunitaria. Un mapa interactivo alimentado por la misma gente reportando los apagones en tiempo real, porque “con la data en mano, se les hace más difícil engañarnos”.

Al final del día, esta avería en Acueductos y los diversos problemas que ha enfrentado esta administración son dos caras de la misma moneda de ineficiencia gubernamental. Es indignante ver cómo la juventud tiene que malabarear su tiempo entre protestar por una educación digna y resolver cómo diablos van a conseguir agua para bañarse, mientras las agencias se pasan la papa caliente.

La gente no se está montando en un avión a Florida solo porque se rompió un tubo; se van porque están cansados de que el Plan B de este gobierno sea dejar que el país entero se convierta en un sálvese quien pueda, y que nosotros seamos los que siempre terminen cargando el cubo.


Nota del editor: Sebastián Andrés Silva Hernández es estudiante de la Universidad de Denver y realiza este reportaje como parte de su práctica estudiantil con El Calce


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