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¿Arte o provocación?: Mural con una cabeza entre unas piernas desnudas ruboriza en Bélgica

El objeto de la discordia es un gran mural en blanco y negro firmado por el fotógrafo belga Pierre Radisic

Mural del fotógrafo belga Pierre Radisic en una galería de Jette. EFE/Olatz Castrillo
Mural con una cabeza entre unas piernas desnudas ruboriza en Bélgica. Mural del fotógrafo belga Pierre Radisic en una galería de Jette. EFE/Olatz Castrillo (Olatz Castrillo/EFE)

Por: Javier Albisu

Jette (Bélgica), 5 feb (EFE).- Una fachada de ladrillo rojo en la localidad belga de Jette, junto a Bruselas, alimenta estos días el debate sobre los límites entre el desnudo artístico y la provocación en el espacio público.

El objeto de la discordia es un gran mural en blanco y negro firmado por el fotógrafo belga Pierre Radisic (La Hestre, 1958), expuesto de cara al exterior en la galería Atelier 34 Zéro Muzeum.

La imagen muestra la figura de una mujer embarazada que atrapa entre sus piernas desnudas la cabeza de un hombre. El varón, del que sólo se aprecia el cuello y la espalda, aparece boca abajo, con la cabeza introducida bajo el cuerpo de ella.

A la izquierda, otra lona muestra a un hombre con kipá judía y otro con pañuelo palestino que se besan en la boca; y a la derecha, un mural caricaturesco retrata al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.


Pero sólo la fotografía central del desnudo ha generado debate público.

“No hay ningún pene, ninguna vagina, nada pornográfico. Sin embargo, la desnudez ha impactado a parte de los vecinos y también influyeron algunos medios que vinieron a preguntarnos”, dice a EFE el co-responsable de la galería, Daniil Shestakov.

La imagen forma parte del universo creativo de un fotógrafo que “ha utilizado mucho el cuerpo humano como material: se ha interesado por la carne, la textura, las asperezas de la piel, y ha intentado crear una especie de geografía corporal”, dice.

“Nace de una reflexión sobre la dualidad hombre-mujer. Intenta complementar al máximo los dos cuerpos. Puede verse como una imagen de nacimiento, como un abrazo, como consuelo, como amor... Las interpretaciones son infinitas”, agrega Shestakov.

La instantánea data de 2002 y fue un encargo de la pareja retratada para utilizarla como invitación de boda, explica a EFE Radisic desde su residencia en Mataró (Barcelona, España).

“No hay absolutamente nada extraordinario, pero hay gente que no tiene nada más que hacer que sorprenderse por tonterías”, zanja por teléfono el fotógrafo, razonablemente satisfecho por el inesperado golpe publicitario.

Orina y fuego

La alcaldía de Jette ha indicado al diario local DH Les Sports que no tiene intención de censurar la obra del Atelier 34 Zéro Muzeum.

Tampoco lo hizo en 2016, cuando ese centro privado fundado en 1979 por el artista Wodek Majewski sorprendió al exponer -hacia la calle- una fotografía de gran formato en la que el artista estadounidense Keith Boadwee se orinaba sobre la cara.

En 2022, la lona que exponía un caballo mientras araba el campo arrastrando un crucifijo apareció rajada. Meses adelante, el vehículo profesional de la galería fue incendiado.

Ese incidente recuerda al que vivió el Museo de Fotografía de Charleroi en 2006, cuando alguien lanzó un cóctel molotov contra el cartel de una exposición del fotógrafo japonés Araki, conocido por sus provocadoras imágenes de mujeres desnudas, atadas y suspendidas, siguiendo los códigos de un ancestral arte erótico de anudamiento nipón denominado “kinbaku”.

“No cabe sino indignarse ante un extremismo semejante, que ataca a las imágenes como en las peores teocracias. Es lamentable que otras fotografías colocadas anteriormente por el museo no hayan suscitado tal indignación: ¿acaso la guerra, la miseria o las minas antipersona son más aceptables en el siglo XXI que la representación del cuerpo de una mujer?”, declaró entonces el director del centro, Xavier Canonne.

Grafitis genitales

Tampoco es la primera vez que sexo y arte en gran formato ruborizan en la capital de facto de la Unión Europea, que ya se sorprendió en 2016 cuando aparecieron grafitis gigantes de penes y vaginas en distintos puntos de la ciudad.

Las misteriosas obras emergían en una sola noche, circulaban por la prensa y las redes sociales y atraían a curiosos, que se acercaban a contemplar y fotografiar los genitales muralizados, algunos en plena masturbación.

Algunos fueron eliminados inmediatamente por las autoridades locales y otros los ha ido borrando lentamente el tiempo, la lluvia y las reformas, pero la fotografía de Jette acredita que el revuelo ante los desnudos de gran tamaño en la vía pública persiste.

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